¡Hola!
¿Qué tal estáis? Ya se empieza a ver la luz al final del túnel, así que espero que no vayamos para atrás como los cangrejos :| Así que nada, a ser responsables ^^
Hoy vengo a hablaros de un libro que me ha dejado hecha polvo. Es precioso, eso no hay quien lo discuta, pero no todas sus partes son bonitas y eso se nota. No os adelanto nada más, solo que, si queréis leerlo, tengáis en cuenta el momento en el que estáis emocionalmente porque os puede resultar algo duro.
Sinopsis:

Martina es un mar de dudas. Ha roto radicalmente su comunicación con Pablo, ha dejado el Mar, pensaba que lo que tenía con el chef era especial y es duro reconocer que tal vez no es como te habías imaginado. Se ha dado cuenta de que se ha dejado llevar por alguien que es emocionalmente frenético y se siente avergonzada por haber perdido el norte por alguien que ni siquiera ha solucionado del todo su pasado. Sin embargo Martina ha huido y decide olvidarlo todo, pero no será tan fácil borrar de su vida ni a Pablo ni el Mar... algo se está gestando en su interior y no tiene el valor de afrontarlo. Tiene que tomar una decisión y está en juego su futuro.
Por otro lado Amaia y Javi siguen en su eterno tira y afloja, él está enamorado de ella y ella no se atreve a tener con «su mejor amigo» una relación aunque se muere cada vez que él la acaricia, ¿conseguirán dejarse llevar?
Sandra no quiere más decepciones y cree que ha llegado el momento de recuperar lo perdido: a su novio de toda la vida, Íñigo, pero ¿conseguirá ser honesta a lo que le dicta el corazón?
Horizonte Martina #2
704 pp. | Suma de Letras | 2016

- Horizonte Martina -
- Canciones y recuerdos -
- Autoconclusivos -
Martina tiene un problema muy gordo. Uno con el que no contaba ni de lejos y al que no está preparada para hacerle frente. Además, está el tema de Pablo. Aunque él hace todo lo posible por hablar con ella y averiguar qué le pasa, Martina no reacciona. No es fácil asimilar algo así y hablar de ello, y mucho menos con lo que le cuesta a Martina expresar sus sentimientos y, en el fondo, pedir ayuda. Es en esos momentos en que la vida da un vuelco y no hay respuestas correctas ni incorrectas, donde todo sale a flote.
Amaia, al menos, parece que por fin ha medio aceptado lo suyo con Javi. Y digo «medio» porque sus inseguridades siguen siendo un obstáculo de los gordos. Tanto, que comete la locura del siglo. Tanto, que le puede más el verse bonita que el ser feliz. Dejar atrás todos esos prejuicios no es tarea fácil, lo sé. El coraje que me daba es que tenía al lado a un cielo de persona y ella no quiso escucharle. Y todo por no quererse a una misma.
En cambio, lo de Sandra no tiene nombre. Esta no cambia ni a base de palos. Otra que no se quiere, que le puede el querer las cosas para ya y no detenerse a pensar lo que de verdad le conviene, si de verdad es feliz, o qué le gustaría cambiar en la vida. Sandra ve que la vida de sus dos mejores amigas está avanzando y que ella está estancada. Eso no le gusta, lo respeto. Respeto que quiera un cambio, pero cada cosa lleva su tiempo y si has tocado fondo, levántate de ahí y redescúbrete a ti misma, no te lances como los toros de miura contra un muro de hormigón. Es egocéntrica, borde y vaga como ella sola.
«El miedo a equivocarse es el precio a pagar por sentirse libre.»
Parece que Martina y Pablo se han intercambiado los papeles: él, con su personalidad tan explosiva, parece tenerlo todo bajo control; ella, tan cuadriculada, se le escapa todo de las manos y es como una bomba de relojería a punto de estallar. Martina se muestra irascible, mordaz y dañina. Es la viva imagen de la inseguridad y el miedo en su estado más puro. Pablo, el mismo chico explosivo y apasionado que daba rienda suelta a todos sus sentimientos, buenos o malos, se convierte en la voz de la razón y la personificación de la ternura. Y me parece algo muy bonito que se complementen de esta forma. Porque sí, Martina y Pablo son muy distintos, pero sus personalidades son tan opuestas que son el complemento perfecto para el otro.
A Amaia la entiendo en parte, pero lo lleva todo hasta el extremo y su cabezonerío me ha hecho sufrir mucho. Igual que el hecho de que Martina se cierre en banda. Porque sí, todos los personajes tocan fondo en esta novela. Son un claro ejemplo de que nadie es perfecto (menos Javi, el chico lo tiene todo) y que todos tenemos nuestras mierdas que debemos superar. ¿Lo bueno? Que una vez tocamos fondo, lo único que nos queda es volver a levantarnos más fuertes que nunca. Porque de eso se trata, ¿no? De hacerle frentes a las cosas por muy mal que nos sintamos. De saber buscar ayuda cuando ni nosotros ni los que nos quieren y nos rodean son capaces de ayudarnos. De saber quererse y ser valiente, por mucho miedo que tengamos.
«Son las cosas que nos ponen a prueba las que realmente valen la pena. El inmovilismo y conformarse solo sirve para hacernos débiles.»
No os voy a engañar, hacia la segunda mitad el libro adquiere un cariz muy negativo y tóxico. Resulta más duro todavía porque, al estar escrito en primera persona, sientes todo por lo que está pasando Martina y, creedme, es un pozo de amargura. Esa parte en cuestión, que creo que no son más de cien páginas o cosa así, ha sido como mirarse al espejo en tus peores momentos. A mí me ha pasado y sentí que me estaba afectando mucho. Me ha dado pavor ver así a Martina porque me ha recordado a aquellas ocasiones en las que yo pensaba y actuaba de forma parecida y eso ha hecho que me salten todas las alarmas. Por suerte, mientras lo estaba leyendo, pude poner algo de distancia porque sé que he cambiado mucho desde entonces y eso me relajaba un poco. Aun así, ha sido muy intenso.
Por lo demás, qué deciros de la prosa de Elísabet que no sepáis. Es directa, cercana, divertida y repleta de sentimientos, con sus luces y sombras. Lo que sí he notado en este libro es que, a veces, me daba la impresión de que le daba muchas vueltas a lo mismo, como si le hiciese falta un depurado al texto. En los agradecimientos, Elísabet comenta que se le borró el manuscrito y que tuvo que empezar a volver a hacerlo, así que quizás eso tenga algo que ver y por eso tampoco lo voy a contar como fallo garrafal porque no. El final, qué deciros del final. Pablo se merece todo nuestro respeto y cariño. No os imagináis el alivio que me entró cuando empezaron a disiparse los rencores, la inseguridad y la negatividad. De hecho, me ha gustado mucho porque no se queda en la resolución del conflicto, sino que sigue avanzando en la vida de los personajes varios años después y eso se agradece. Porque, al fin y al cabo, forman una pequeña familia de la que cuesta despedirse. Ah, ¡y atentos a la aparición sorpresa del final! A mí me hizo ilusión, aunque esos libros en cuestión no los haya leído, jeje.

Martina en tierra firme es un libro de superación en toda regla y en muchos sentidos. Después de tanto sufrimiento, llega un final más que merecido (también en todos los sentidos). El cierre de la bilogía no podría haber sido mejor con ese pedazo de epílogo que supera en páginas a cualquiera de los capítulos. No, no me pienso quejar porque me encantó, jeje. Eso sí, aunque dije antes, lo repito ahora: si estáis pasando por un mal momento, no lo leáis porque os puede llegar a afectar. Ya habrá tiempo de leerlo cuando estéis bien :)
¿Habéis leído la bilogía?
¿Cuál es vuestro personaje favorito de la familia Coqueta?
¡Un abrazo enorme!